PARAGUAY: Las ONG esconden la cara más reaccionaria en los países del Tercer Mundo

Indígenas condenados a la miseria por las ONG

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Luis Agüero Wagner. @Dreyfusard

Detrás de un ropaje y una retórica progresista, las ONG esconden la cara más reaccionaria en los países del Tercer Mundo

Un recordado escritor paraguayo definió alguna vez a las ONG como unos usurpadores que se autodenominan “sociedad civil”, dado que sus miembros se eligen a sí mismos y que, con tan débil respaldo popular, reclaman la totalidad de la representación social y por ende, funciones, derechos y privilegios que corresponden a entidades legítimas. Conversando con el Lic. Ruben Darío Quesnel, actual presidente del Instituto Paraguayo del Indígena, pude entrever la enorme influencia que estos grupos han ganado en Paraguay, donde han convertido la miseria de los pueblos originarios y otras minorías en una verdadera industria.

Indagando sobre la dinámica del negocio, puede advertirse que las ONG tienen tentáculos en el mundillo político y en los medios de comunicación que prácticamente les permiten imponer sus versiones sin debate alguno a la sociedad. Es el caso del destituido director del INDI Oscar Ayala, quien acusó a Quesnel de promover la compra de las tierras supuestamente sobrevaluadas de Unión, San Pedro, junto con Panta Piris, líder indígena. Ayala es una de las cabeza visible de la ONG Tierra Viva, la cual es conocida por recibir fondos de Diakonía, Acción Ecuménica Sueca, Organización Intereclesiástica de Cooperación y Desarrollo-ICCO de Holanda. Programa Noruego para los Pueblos Indígenas, Pan para el Mundo de Alemania y de otros organismos para proyectos específicos como de Intermon-Oxfam de España e Internacional Work Group for Indigenous Affairs de Dinamarca. También se reciben fondos del Fondo de Desarrollo de Canadá, Misereor de Alemania y Embajada británica de Asunción. En años anteriores, Tierra Viva reportó gastos por valor de casi 300.000 dólares en su funcionamiento, aunque su actividad se reducía a “asesorar” a grupos indígenas para recuperar sus tierras, proceso en el cual terminaba siempre pagando el estado paraguayo sumas multimillonarias.

Las enormes sumas que administra Tierraviva, supuestamente se gastan en acompañamiento jurídico, político y antropológico de las comunidades nativas. Ni un centavo de las astronómicas sumas se gasta en compra de tierra, gasto que corre siempre por cuenta del estado paraguayo. Entretanto, los miembros de las ONG viven estupendamente bien gracias a la ayuda internacional que se reparten.

La miseria de los pueblos orginarios es un gran negocio y no sólo para Oscar Ayala y su ONG Tierra Viva, que tuvo sus cinco minutos de gloria bajo el gobierno del cura Fernando Lugo. También para organizadores de eventos y espectáculos como Leo Rubin, quien recibió dos mil millones de guaraníes para organizar un encuentro de indígenas como si se tratara de un concierto de Rock.

El ministro de Cultura de Lugo, Ticio Escobar, defendió el despilfarro afirmando que Leo Rubin hizo un “trabajo impecable”, pese a no tener ningún conocimiento de antropología ni indigenismo.

En lo que a Oscar Ayala respecta, la prensa adicta al entramado de ONG que ha convertido en industria la pobreza del Paraguay, y que no tiene ningún interés en superarla pues se quedaría sin negocio, es evidente que ha sabido ocultar a la prensa amiga documentos como el de fecha 13 de Diciembre de 2011, por el cual autorizó la compra de tierras a favor de las comunidades indígenas Yakye Axa y Kelyenmagategma. Aunque el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones había tasado las tierras en un precio de 2.190.000 Guaraníes por hectárea, Ayala se basó en una “recomendación” de la Procuradoría para subir el precio a 2.847.000 Guaraníes por Hectárea. Así la suma desembolsada por el estado subió de 22.584.594.000 a 35.053.972.200 Guaraníes, una diferencia de unos tres millones de dólares a favor de los “asesores”.

 Esta es una pequeña muestra de la forma en que las ONG manipulan a medios y gobiernos con supuestos fines altruistas que en realidad implican mayor gasto para el estado y menos resultados. Aunque en Paraguay el estado siempre termina pagando sus actividades altruistas, la ideología de las ONG en cuanto a sus actividades privadas y voluntarias destruye imaginariamente el sentido de lo “público”; la idea de que el gobierno tiene la obligación de procurar a todos sus ciudadanos. Contra esta noción de responsabilidad pública, las ONG fomentan la idea neoliberal de una responsabilidad privada hacia los problemas sociales y la importancia de los recursos para resolver estos problemas. De allí su convergencia de intereses con los medios empresariales.

 Rubén Darío Quesnel me manifestó su perplejidad ante la actitud de estos salvadores de la patria que no desean ver a los indígenas en viviendas dignas y terrenos titulados, asentados en zonas con presencia del estado, pues ese sería el fin de su industria. También evidenció la impotencia de enfrentar a grupos que dictan su verdad como absoluta a los medios y que cuentan con más abogados que el mismo gobierno.

 El papel reaccionario con máscara progresista de estas organizaciones hace tiempo es conocido en círculos académicos e intelectuales.

James Petras ha denunciado el carácter reaccionario de las ONG advirtiendo que se convirtieron en “el rostro comunitario” del neoliberalismo y se relacionaron íntimamente con los de arriba y complementaron su labor destructiva. Cuando los neoliberales transferían lucrativas propiedades estatales, privatizándolas para los ricos, las ONG no fueron parte de una resistencia sindical. Por el contrario, se mostraron activos en la creación de proyectos privados, promoviendo el discurso de la iniciativa privada (“autoayuda”) al dedicarse a fomentar la microempresa en las comunidades pobres.

El discurso virulento de las ONG contra los partidos tradicionales del Paraguay no es casual. Desde que se convirtieron en la principal industria del pais, las ONG despolitizaron a sectores de la población, ignoraron sus compromisos hacia actividades del sector público y se valieron de líderes sociales potenciales para la realización de sus objetivos. En realidad, las ONG no son no gubernamentales. Reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agencias subcontratadas por gobiernos locales.

Igualmente importante es el hecho de que sus programas no son calificados por las comunidades a las que ayudan, sino por sus benefactores extranjeros. Es en ese sentido que las ONG sabotean la democracia al arrancar programas sociales de las manos de las comunidades y de sus líderes oficiales, para crear dependencias a cargo de funcionarios no electos, provenientes del extranjero, quienes eligen y ungen a sus interlocutores locales.

Muchos de los líderes y militantes de las ONG son ex marxistas o “post marxistas”, quienes toman prestada mucha de la retórica referida a “dar poder al pueblo”, “el poder popular”, “la igualdad de género” y “el liderazgo de las bases como el único que logra legitimidad”, mientras que alejan la lucha social de las condiciones que marcan la vida de las personas. Las ONG se convierten en un vehículo organizado que permite la movilidad social ascendente para desempleados o profesionistas ex izquierdistas mal pagados. El lenguaje progresista disfraza el núcleo conservador de las prácticas de las ONG. Ejemplo de esto es el hecho de que la naturaleza local de las actividades de las ONG tiene siempre que ver con “dar poder”, pero los esfuerzos de estos organismos rara vez van más allá de una influencia en pequeñas áreas de la vida social, utilizando los recursos limitados y siempre dentro de las condiciones permitidas por el Estado neoliberal. En lugar de dar educación política sobre la naturaleza del imperialismo y sobre las bases clasistas del neoliberalismo, las ONG discuten sobre “los excluidos”, “los indefensos” y “la extrema pobreza” sin jamás pasar de sus síntomas superficiales para analizar el sistema social que produce estas condiciones.

Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que son exclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales e internacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantes en ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismo rige sin oposición alguna.

Lo que es peor. En Paraguay, muchos partidos políticos han surgido utilizando como mampara a las ONG, que ha financiado la promoción política de personajes que se llenaban la boca hablando de sector voluntario, sector no lucrativo y sector solidario. Y mientras ellos hoy liban las mieles del poder, la gloria y la fortuna, el sujeto de sus coartadas, los indígenas, son condenados a la miseria para seguir siendo instrumento válido de lucro para las ONG.

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