Visión Antropolingüística de los Relatos Cantados del Pueblo Wayuu: El Jayeechi

Visión Antropolingüística de los Relatos Cantados del Pueblo Wayuu: El Jayeechi.

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La antropolingüística necesariamente enfoca su análisis a través de la oralidad, como lenguaje parlante de la humanidad, trasladándolo a la música nos aproxima a los sonidos que conforman a las diferentes lenguas de la humanidad, es decir, que todo idioma tiene fonemas armónicos que musicalmente lo diferencia de los demás. En este atrevimiento literario, será enfocado en la relación música y oralidad desde la cultura Wayuu.

Todo lenguaje se compone de combinaciones de sílabas y vocales que refieren a sonidos que constituyen a su vez, a fonemas que necesariamente conllevan a melodías que identifican a todo hablante que pertenece a un pueblo determinado que tiene sus particularidades culturales que la definen como tal.

Ampliando la visión de las culturas nos resulta viable relacionar la oralidad con la música, en donde convergen escenificaciones, ademanes, gestos, danzas, movimientos del cuerpo, entre otros, que pueden ser individuales o colectivos según las circunstancias, como lo expresa Esteban Emilio Mosonyi en su trabajo sobre la Oralidad (s.f.) Dentro de una visión más amplia de las culturas, nos resulta fácil asociar la oralidad con la música y el canto, con representaciones escénicas, con juegos y danzas, con reuniones, ceremonias y ritos sociales, con el trabajo colectivo y a veces individual. No hace falta una pesquisa minuciosa para descubrir la inserción directa o indirecta de la oralidad en todos y cada uno de los actos humanos, incluidos el sueño y el cavilar silencioso. Si bien no se descarta la existencia del pensamiento puro sin el soporte del lenguaje en la minoría de los humanos que no han aprendido ningún idioma, lo cierto es que la gran mayoría hablante utiliza profusamente las reminiscencias de su lenguaje oral en el transcurrir de su pensamiento”.

En el contexto de la cultura Wayuu tenemos un ejemplo representativo referente a lo antes mencionado, que esta presente en las narraciones cantadas del jayeechi en donde el Wayuu deja ver en sus interpretaciones, cuando emplea ademanes, expresiones faciales, al mismo tiempo que está transmitiendo conocimientos y saberes a las generaciones jóvenes, reforzando en los adultos, los aspectos más profundos de la cultura.

En las narraciones habituales de los pueblos indígenas, están presentes las estructuras orales en donde predominan las frases musicales, melódicas y rítmicas; sobre el verbo o la prosa que algunas veces suelen ser acompañadas con instrumentos musicales. Lo contrario sucede en otras sociedades de diferentes culturas como por ejemplo, las occidentales en donde el verbo o la prosa se superponen al aspecto musical:

En las literaturas orales predomina nítidamente la prosa sobre el verso, en lo concerniente a la elocución de los textos. Cuando hay un intento de versificación, ésta suele ir apareada a las frases musicales —melódicas y rítmicas— de algún canto puramente vocal o acompañado de instrumentos. En tales casos suele tratarse de versos no enteramente esquematizados, que se caracterizan por tener un número parecido de sílabas,…” “adornos, símiles, metáforas y otros recursos poéticos” (Idem, s.f.).

Otras de las características, desde el punto de vista antropolingüístico, que se puede destacar en las narraciones cantadas del jayeechi es uno de los aspectos que permite la oralidad que son la improvisación, la repetición y la variabilidad sin olvidar el contenido épico, glorioso y legendario que exaltan la idiosincrasia normativa Wayuu la vida espontánea y, sobre todo, a partir de acontecimientos recientes, necesitan de la improvisación para poder manifestarse. Cuando se improvisa sobre un tópico muy conocido, los textos resultantes obedecerán hasta cierto punto a una estructura compartida, lo cual revela su unidad formal subyacente (Mosonyi, s.f.).

También se debe tomar en consideración que cada intérprete de jayeechi, en su acción protagonista experimenta cierto placer estético en el acto elocutivo, acompañado (como dijimos anteriormente) de las expresiones corporales que incluyen ademanes, muecas, gestos, mímica, gesticulaciones faciales, entre otras.

Lo anterior le proporciona unas características particular en el accionar del espacio narrativo, como un momento ameno, agradable, divertido, dramático y jocoso, elementos indispensables para atrapar a la audiencia (principalmente a las niñas, niños y jóvenes), en el objetivo principal de la transmisión del conocimiento y saberes del puente intergeneracional del pueblo Wayuu.

Otras de las características importantes del jaseechi son la espontaneidad, la creatividad y la fidelidad del narrador en donde sus rasgos paralingüïsticos lo tipifican ante los demás cantantes del jaseechi. El mismo representa el principal medio de transmisión desde la perspectiva musical, en donde se relatan acontecimientos del pasado como del presente.

Se podría decir, que es un medio de información histórica al cual se le pone música, haciendo que la enseñanza de las costumbres del pueblo Wayuu, se impartan a los más jóvenes en una forma más amena y más fácil; transmitiéndose y perpetuándose de generación a generación.

Según lo que se puede observar el jayeechi es la expresión musical más relevante en el pueblo debido a que sus cantos relatan hechos que son reales porque muestran temáticas de vivencias entre los que se pueden destacar la economía en sus procesos, control social, amor, descripción del ambiente, disputas entre clanes, héroes culturales, competencias entre narradores e improvisaciones sobre cualquier aspecto del presente de una coyuntura determinada.

El jayeechi se aprende por tradición oral, pues es la manera en que los mayores generalmente transmiten su saber a través de la práctica oral, la manera de interpretar las narraciones cantadas jayeechi. De esta forma el jayeechi todavía subsiste como expresión musical dentro de la sociedad Wayuu y lo cantan tanto hombres como mujeres jóvenes, niñas y niños.

La duración del jayeechi depende del tema tratado por tanto, existen jayeechi en donde el relato describe la situación social y económica de algún miembro de la comunidad o de otra comunidad Wayuu, en la cual se menciona con cierta simpatía y alarde las pertenencias o bienes del valor del individuo a que se refiere como: ganado de chivos y ovejas, tierras, caballos, entre otros.

Otro elemento que depende de la duración del interprete es cuando el que relata, hace un gesto a la audiencia y estos con una emisión con la boca semi cerrada que quiere decir que continué.

El jayeechi se presta mucho como elemento de competencia entre los hombres en las reuniones sociales mientras beben (bebidas alcohólicas), ujot (bebida refrescante) u otra bebida espirituosa.

Las mujeres por su parte interpretan jayeechi mientras tapizan, tejen chinchorros, lavan la ropa, cocinan, como también en reuniones sociales, aunque en la actividad de los tapices, los hombres también participan en su elaboración.

El jayeechi para el Wayuu es algo simbólico porque recoge la historia de un pasado que puede ser narrado y cantado por quien participa en cualquiera de los hechos que en la vida real aconteció tales como algunas guerras intestinas entre clanes o romances que sucedieron en las edades juveniles del narrador” (Guillermo Fernández Uriana de 47 años edad de la comunidad Yolujamana, Baja Guajira).

En términos sintéticos, la canción Wayuu es la narración verídica de los hechos acontecidos y que el Wayuu entona para revivir la narración en sus momentos de aflicción para su entretenimiento y realce de su tierra natal.

A continuación para ilustrar lo que cuenta el jayeechi se presenta el siguiente relato traducido al castellano interpretado por la anciana María Eugenia Montiel de 80 años aproximadamente, de la comunidad de Okoomachi, Baja Guajira títulado Ramonkai:

Umm….búscame, búscame mis animalitos hermanito mío menor para irme en estos mismos momentos donde mi abuelita kawéenia.

Umm….búscame, búscame mis animalitos, mis animalitos, aquel rojo para irme en estos mismos momentos a que mi abuelita kwéeni, kewéenia.

Umm….prepárame, prepárame mis sillas de montar en mi animalito querido aquel rojo búscame, búscame el arma, el arma. Abuelita, abuelita saca mis tesoros, aquella cosa que yo guardo en secreto, para irme y sepan ustedes todos Wayuu, a que mi querida abuela.

Umm….hijito querido que cosa vas a buscar, hacia dónde se dirige hijo mío, me parece, me parece, por sospecha que hacia donde te diriges, ella tiene novio hijo querido Ramón, eres tú.

Umm….búscame eso porque en este momento voy saliendo….y así fue que se marchó Ramón al galopar en su caballo, hacia donde se encuentra el agua. Hacia donde se encentraban muchas mujeres jóvenes señoritas, ellas se encontraban sentadas.

¡Hacia dónde se dirige Ramón, nuestro hermano!

No preguntes mucho porque voy por el rastro de mis animales.

Umm….así fue que llegó por fin, donde su abuela Kewéenia.

¡Y ese Wayuu quien es?

Tan lejos que está nuestro hermano querido, se fue lejos donde el paso de su caballo, levantaba polvo como chubasco, como remolino en su rápido andar.

Hermano querido Ramón – fueron palabras de hermosas mujeres hermanas de él.

El llegó, la gente se preguntaba ¡y quién es ese?, allá viene un Wayuu que viene montado en un caballo, con un paso muy elegante, que va ladeando a medida que avanza; era Ramón que ladeaba elegantemente, el paso de su caballo.}

¡Y quién es ese Wayuu, será nuestro nieto Ramón el que viene, se parece mucho –decía la mujer que lo venía venir – era joven, se llamaba kewéenia.

Um….llegó a su destino, amarró su caballo bajo la sombra de un árbol.

Cuelga un chinchorro debajo de una enrramada y así se lo colgó un chinchorro, con el cariño de una hermosa mujer.

Yo no vengo en busca de un chinchorro, no vengo a acostarme querida abuela, yo vengo en busca de tu persona, yo vengo es por ti, querida abuela Kewéenia – eran las palabras de Ramón a su abuela –

Um….aquí está lo más querido para mí, el tesoro, querida abuela Kewéenia, te vas conmigo, vengo por tí – eran las palabras de Ramón a aquella Wayuu llamada Kewéenia.

Como se observa en el contenido de este jayeechi, el tema principal trata de un Wayuu llamado Ramón que tiene como misión llevar un “tesoro” muy secreto a una mujer llamada Kewéenia, familia de él. Dicho “tesoro” se conoce entre los Wayuu como alannía (especie de un talismán sagrado), que los Wayuu tienen para protegerse del mal material y es espiritual, además para protegerse del mal material y es espiritual, además para estar bien en las aspiraciones del amor, de lo social, de lo económico y sobre todo en el aspecto espiritual. Para cada aspecto el Wayuu tiene un alannía que significa para él, un valor incalculable.

La alannía o el alannía, es un tesoro secreto individual muy personal que el que lo posea (sea hombre o mujer), no puede enseñárselo a nadie, porque la alannía es parte de su persona material y espiritualmente.

Según la leyenda de tradición oral Wayuu, cuenta que la alannía tiene poderes sobrenaturales, debido a que antes las serranías de La Guajira eran personas Wayuu (hombres y mujeres). Entonces se trasformaron en las serranías que existen actualmente, y que las alannía están representadas en una pequeña planta muy especial que puede personificarse en los sueños del individuo que la posea y hablarle sobre algún aspecto que quiera prevenirle u ordenarle algún mandato por el bien de él. La personificación puede realizarse en hombre o en mujeres según el caso.

Es decir, existe una comunicación espiritual entre la alannía y su dueño, y éste no puede separarse de su alannía a menos que en su sueño le ordenen que se le entregue a otra persona muy querida y de mucha confianza que generalmente resulta ser un familiar muy allegado a él. Esto ocurre cuando el dueño del alannía se va a morir o está muy enfermo.

Ahora bien, la alannía además de proteger el dueño, también protege a su familia nuclear (esposa, hijos, sobrinos, tíos maternos), por tanto el mandato que se imparte en el sueño, siempre consiste en entregárselo a alguien del grupo familiar. Por eso es que al final del jayeechi Ramón le dice a Kewéenia, que le va a entregar su tesoro (alannía), pero tiene que irse con él adonde habita con su familia.

A través del relato aparecen elementos tradicionales de la cultura Wayuu, pero existen también otros jayeechi, en los que el tema tiene que ver mucho, con el presente donde se nota claramente elementos ajenos a ésta cultura. Como el ejemplo a continuación interpretado por por un niño de doce años llamado José Abaldo Montiel de la comunidad de Alakimana, Baja Guajira, 1981:

Umm…aquí estoy querido sobrino, sentado al pie de un viejo árbol, por todo lo que pasa estoy presente, estoy parado aquí, porque yo soy un hombre, estoy para vengarme, porque yo soy un hombre.

Umm…yo soy un Wayuu que no quiere problemas, pero si me buscan, yo soy un hombre para pelear.

Umm…estoy para batirme a tiros con quien sea, no soy bobo, soy un hombre para medirme con otro hombre, aquí está mi arma, tengo revólveres, pistolas, puedo enfrentarme, tengo valor para eso.

Umm…yo soy un Wayuu de la alta guajira, mi carne es Epieyu, soy un Wayuu hecho hombre.

Umm…hay bebida para tomar, para hablar mucho de esto. ¡Sírvame un trago!

Ahí está todo eso era.

En el anterior jayeechi, se presenta claramente le influencia de elementos que viene de los centros urbanos como Maicao, Río Hacha y Maracaibo Venezuela, ya que es parte de la realidad social de hechos de violencia por motivos de hechos de violencia propios de su entorno en su contexto.

Lo Espiritual

Según la tradición Wayuu el seyúu, espiritu protector y benefactor, se comunica con una persona durante un sueño porque se supone que éste individuo, posee alguna facultad extrasensorial que le permita ser elegida Outsü, intermediario entre el mundo espiritual y el mundo material.

La primer a comunicación del seyúu con la persona, puede ser indiferente a ésta, pero a la segunda vez de comunicarse seyúu y al conocer la noticia los familiares de la elegida, ésta cae de inmediato en trance o en una especie de profundo letargo (en el mismo momento en que la Outsü, le cuenta a alguien de su familia lo del sueño que puede durar varios días, durante los cuales no podrá ingerir alimento alguno por voluntad propia, lo que obliga a sus familiares a alimentarse con líquidos.

Se hace necesario entonces, que los familiares contraten los servicios de una Outsü de avanzada y de reconocida trayectoria, con el fin de que le haga desarrollar a la elegida, la facultad extrasensorial que la convertirá en Outsü.

La instrucción consiste en un proceso bastante complicado y de una disciplina bien estricta, en donde se le enseña, entre otras cosas, a tener la maraca y emitir ciertos sonidos guturales y su significado, los diferentes cantos para cada mal, la preparación de las hierbas medicinales, cuando y cómo debe realizarlos, en qué circunstancias, entre otras. Luego de que la sabia Outsü, considera que su discípulo ha progresado y ya es capaz de reconocer los diferentes males, así como la manera de tratarlos y de combatirlos a través de la invocación del Seyúu, da por terminado su misión y recibe una retribución por su conocimiento.

Consideraciones finales

Los familiares de la nueva Outsü organizan (por mandato del seyúu a través de la Outsü) una celebración en honor al espíritu benefactor o seyúu, que ahora en adelante protegerá a la familia.

Finalmente, se puede establecer desde la perspectiva antropolingüística que todo idioma tiene su esencia melódica y rítmica que la hace única y original. Que existe una relación directa innegable entre la combinación entre la silaba y las vocales que conforman sonidos musicales.

Que la palabra siempre va acompañada de gesticulaciones faciales, ademanes, entre otras posturas corporales que ayudan a afianzar contenido social, la intensión de comunicar conocimientos y saberes culturales del pueblo al cual pertenece de generación en generación.

Antropólogo y Músico Lizardo Domínguez

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