COLOMBIA: La odisea de mujeres indígenas para acceder a la educación en Colombia

COLOMBIAAnte el abandono del Estado y los roles socialmente asignados que les alejan de la universidad, las mujeres indígenas de Colombia deben completar una odisea para poder acceder a la educación superior, una trayectoria que plasma el documental “Ati y Mindhiva” a través de dos mujeres del pueblo arhuaco.

La cinta, que será estrenada en el festival suizo Filmar en América Latina, que comenzó este fin de semana, aspira a “que la mujer joven arhuaca se conozca con la participación de ellas (Ati y Mindhiva, las protagonistas)”, según explicó a Efe la directora y productora Claudia Fischer.

Tras conocer la historia de las dos hermanas protagonistas, en Fischer germinó la idea de “coger una pequeña cámara” y acompañarlas en una odisea por la educación que llevó a las dos mujeres a recorrer Colombia en busca de una oportunidad.

Con esa cámara acompaña a Ana Milena y Judith Margarita Villafaña Izquierdo por sus nombres en español, desde la Sierra Nevada de Santa Marta (norte), donde habita su comunidad, hasta Bogotá, donde ambas luchan por estudiar Medicina y Odontología, su sueño desde niñas.

“Me decían: ‘tienen todas las oportunidades del mundo por ser indígenas’ y yo respondía: ‘dígame dónde por favor'”, dijo Ati a Efe para expresar su frustración por el abandono del Estado a las comunidades nativas a las que, “sobre el papel” ayuda, según la joven arhuaca.

Ati, que creció junto a su hermana Mindhiva en el poblado de Nabusimake, “Tierra donde nace el sol” en lengua arhuaca, tuvo que enfrentarse desde niña a esa y otras barreras, como la de estudiar en español, lengua que tuvo que aprender progresivamente puesto que era vehicular en su escuela.

“Uno intuye lo que está diciendo el profesor e intentas acomodarte a ello”, dijo Ati con naturalidad en referencia a esa primera barrera para acceder a la educación que es la lengua.

Para poder continuar con la secundaria que sus padres querían para ellas y sus hermanos, la joven, hoy de 25 años y que finalmente consiguió ingresar en la carrera de Odontología, tuvo que hacer un periplo que le llevó a las ciudades de Santa Marta, Armenia y Bogotá.

En todo ese tiempo sólo tuvo la ayuda de personas que se solidarizaron con su situación, así como el apoyo de su hermano mayor.

Cuando acabó la secundaria, junto con su inseparable hermana se instaló en Bogotá en busca de una oportunidad de acceso a la universidad, para lo cual llamó a todas las puertas posibles en un proceso “infructuoso y frustrante”.

El acceso quedaba imposibilitado por ser de una familia con pocos recursos, ya que Colombia tiene uno de los sistemas universitarios más caros de Latinoamérica, y la falta de garantías del Estado para que los indígenas accedan a la educación superior.

Pero además de esa frontera con el mundo “de los blancos” debieron enfrentarse a los roles sociales que les son asignados en su propia comunidad.

“Obviamente no estaban de acuerdo en que saliéramos del pueblo porque decían que íbamos a volvernos como los blancos y a romper toda la cultura”, dijo Ati, quien explicó que para ella los roles que tienen las mujeres arhuacas no son patriarcales, sino que “cada quien cumple su papel”, lo que no es visto “como machismo sino como una forma de ser”.

En este sentido y consciente de que en el mundo occidental esos roles pueden ser considerados discriminadores para la mujer, añadió que “allá (en la comunidad) ningún hombre pega a la mujer como sí sucede acá (en Bogotá) y cuando miras la parte espiritual que maneja cada individuo entiendes que esa actitud no es machismo”.

Para superar esa frontera tuvieron que actuar de manera independiente a la idea general del pueblo y repetirse “nosotras podemos, digan lo que digan o piensen lo que piensen”.

Con gran esfuerzo, como narra el documental, Ati consiguió estudiar Odontología en Bogotá y Mindhiva obtuvo una beca para Medicina en la Universidad de La Habana, estudios que actualmente cursan.

“No ha sido fácil por el contraste de la ciencia y el conocimiento que tú traes de la sierra en la parte espiritual, que es un concepto totalmente opuesto, pero me dejo llevar para poder conciliar esas dos cultura”, explicó Ati.

¿Y valió la pena el esfuerzo de llegar hasta aquí? “Totalmente, es como si llevara una carga en la espalda y por fin puedo liberarme. Todo se puede cuando uno está convencido”, concluyó.

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