COLOMBIA: El uitoto que se volvió actor para que su etnia no muriera

El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra tiene como protagonistas a dos indígenas cuyas historias reales se confunden con el filme que fue seleccionado entre los 10 mejores del año en Cannes.

Uno de los mayores aciertos de Ciro Guerra, cuando se internó en la espesa selva fue descubrir a los indígenas Antonio Bolívar Salvador Yangiama y Nilbio Torres, raizales del Amazonas y los últimos sobrevivientes de la etnia Ocaina Uitoto, amenaza de desaparecer. El director sucreño vio en ellos el potencial para desarrollarlos como actores naturales y convertirlos en los protagonistas de El abrazo de la serpiente.

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Antonio Bolívar se convierte en el personaje Karamakate en el ocaso de su vida y Nilbio en Karamakate joven. La historia de vida de los Uitotos es tan apasionante como el relato en el filme.

Durante el rodaje todos le decían el Abuelo Antonio, Un Ocaino mezclado con Uitoto,el último representante de su raza, que se convierte en un testimonio viviente. Vive en Leticia.

“Ya estaba bastante desconfiado cuando apareció la propuesta de El abrazo de la serpiente, pero igual cuando llegó Ciro Guerra lo escuché. Le conté mi caso y me dijo que esta vez todo iba a ser muy serio y distinto. Pensé y dije: “Bueno, si es así, voy a hacer el trabajito. Y sí, fueron muy serios y respetuosos con nuestra tradición”, cuenta Antonio.

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Detrás de cámaras de la grabación de la película El abrazo de la Serpiente. Ciro Guerra dirigiendo

Además de protagonista, Antonio ofició como traductor del equipo, trabajó en dialecto ticuna, en cubeo y hasta en inglés, pero lo suyo era hablar el uitoto. Además, fue el profesor de los actores internacionales. “Yo les explicaba cada palabra, ellos la escribían y se iban repitiéndola y tratando de recordarla. Ellos, la verdad, tenían tres profesores: su grabadora, sus apuntes y yo. Aprendieron rápido”.

No todo fue tan sencillo para Antonio, pues al comienzo se sentía solo en medio de tanto ‘blanco’, por lo que le pidió al director que le permitiera estar acompañado de su hijo Pedro Antonio durante el rodaje. “Le dije: si me van a llevar solo, no me voy a sentir cómodo y necesito a alguien de la familia”. Ciro aceptó.

Aunque conoce la región, admite que hubo muchas dificultades impuestas por la naturaleza, pero al final siente que la selva ayudó a todo el grupo y expresa sentirse muy orgulloso de haber hecho parte de la película y espera que todos le recuerden como parte de ella.

“Este trabajo me fascina”, afirma. “La preparación fue bastante rígida y delicada, porque esto no es como uno lo piensa y como lo quiera hacer, sino que tiene sus reglas. Pero es muy importante porque lo hace valer a uno y porque sean actores extranjeros, nacionales o nativos, estos trabajos no son para uno, son para todos los que lo ven”.

Su rostro es el reflejo de una raza subestimada, cansada de recibir promesas y oír mentiras, de que no se valoren sus tradiciones y de ver con impotencia cómo van desapareciendo porque nadie las atesora.

Pero también representa las almas buenas que viven en el Amazonas, dispuestas a confiar una vez más, a transmitir sus conocimientos y agradecidas cuando se les trata con respeto. Algo por lo que considera valió la pena estar en El abrazo de la serpiente: “Es una película que muestra el Amazonas, ‘el pulmón del mundo’, el filtro más grande de purificar el aire, la riqueza que tiene Colombia y la cultura indígena más valiosa. Ese es el mayor logro”.

Nilbio Torres, quien personifica la etapa joven de Karamakate, no parece darse cuenta de lo que su esculpida figura produce en el público femenino La verdad es que no es de esos actores que han pasado horas en un gimnasio tratando de labrarse un físico que descreste. Lo suyo es un cuerpo labrado por la dureza de la selva y las largas jornadas trabajando desde pequeño.

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Nilbio Torres interpreta a Karamakate en su juventud – Foto de Andrés Córdoba

Padre de cuatro niños vive en la comunidad de Santa Marta. Noble y sencillo se roba la atención con una actuación llena de fuerza interpretativa frente a una cámara, sin poses ni pretensiones.

Su participación en la película marca su primera experiencia en el cine, porque con 30 años simplemente se había dedicado al cultivo de la yuca. Aunque le cuesta un poco expresarse en español, pues el ciento por ciento del tiempo habla cubeo, busca la forma de contar lo que ha significado esta experiencia para él.

“Después de que me eligieron estuve durante una semana en Bogotá recibiendo clases. Era la primera vez que salía de mi región y que subía en un avión. Tenía mucho miedo porque en mi comunidad uno escucha que en Bogotá hay muchos atracadores que matan a la gente. Pero después me di cuenta que no, que es chévere y me dediqué a las clases en la que me enseñaban sobre la mirada y la expresión, para no quedarme atrás de los otros actores”.

Para Nilbio lo más divertido fue cuando regresó a Mitú y le enseñaron cómo hacer de borracho y a rugir como los tigres. “Imaginaba las cosas y las hacía, ya no me daba pena delante de la gente. Era sentir en el corazón para poder actuar”.

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Foto: Liliana Merizalde

Una de las cosas que más enorgullece de haber trabajado en esta película es que su director fue fiel a la historia de la cultura de sus ancestros. “Lo que está haciendo Ciro con esta película es un homenaje al recuerdo de nuestros antepasados, en el tiempo de atrás: la forma de tratar los blancos a los indígenas, trabajar el caucho, las obligaciones. Siempre he preguntado a la gente mayor cómo era antes y así es en la película, por eso apoyamos cuando estaban haciéndola. Para los mayores y para mí es un recuerdo de nuestros abuelos”.

A él le gustaría seguir actuando, sobre todo si las historias tienen que ver con la Amazonía, “para que todo el mundo sepa que aquí somos gente buena dispuesta a atender a la gente blanca, por eso cuando llegan a nuestras casas les regalamos piña y yuca, sin cobrarles nada porque es como una costumbre en diferentes comunidades”.

Estos dos personajes son el eje central del tercer largometraje de Ciro Guerra, una recreación basada en los diarios del etnólogo alemán Theodor Koch-Grünberg (1872-1924) que recorrió el Vaupes con fines científicos pero acabó conociendo el corazón del Amazonas. La película colombiana producida por Dago García, Caracol y el Ministerio de Cultura acaba de ser seleccionada entre las diez mejores películas del Festival de Cannes y en su estreno fue ovacionada por el exigente público francés durante cinco minutos. El próximo domingo Ciro Guerra podría constituirse en el primer colombiano en ganar una Palma de Oro.

Por: 2Orillas

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