76 años del “Incendio de Lagunillas”: el olvidado etnocidio de Paraute Añú

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Me interesa cumplir tres objetivos con la investigación que vengo realizando sobre este tema: 1) Establecer el vínculo étnico AÑÚ, así como la ubicación geográfica y referencias históricas de PARAUTE. 2) Denunciar y documentar el «incendio de Lagunillas de Agua», como desplazamiento forzoso y etno-genocidio petrolero contra el pueblo AÑÚ de PARAUTE, y 3) Proponer acciones reivindicativas y dignificantes ante el Estado y la justicia internacional.

El pasado 13 de noviembre, con los descendientes del martirizado Paraute, fuimos a aquella orilla adolorida a rendir homenaje a las víctimas del primer genocidio petrolero del siglo XX venezolano.

Ningún organismo público conmemoró la triste efeméride. No hubo ni lejanas referencias. La caótica “Ciudad Ojeda”, con sus calles siempre en reparación, sus derrames de aguas servidas, su destartalado transporte colectivo, nos ratifica la paradoja de la “pobreza en medio de la abundancia potencial”.

Las emisoras de radio, citando la prensa, siguen rumiando las mentiras reiteradas para justificar el “incendio”. Re-victimizan a aquéllas almas “nativas” asesinadas por un infierno terrenal, a las que vilipendian para que se cumpla la profecía católica, rematándolas moralmente.

El locutor repite lo que dijo el periódico, que a su vez se hace eco de los rumores religiosos, versionados por las autoridades e historiadores bajo inspiración de la jugosa chequera petrolera. “Alicia Mendoza prostituta de oficio y dueña del Bar Caracas quiso prender una lámpara de gas y al hacerlo el fuego alcanzó sus brazos lanzando la lámpara al Lago, originando el gran incendio que se extendió sobre toda la planchada hacia la tierra”.

La sociedad patriarcal, machista por vicio, siempre culpará a Eva de inventar lo pecaminoso, y con ello, los males y sus castigos.

Los asesores culturales, históricos e indígenas del Gobernador y el Presidente no les recordaron la fecha; es muy probable que la desconozcan.

II

El 13 de noviembre de 1939 un tercer incendio destruyó en menos de cuatro horas las más de mil viviendas que formaban para entonces el pueblo de Paraute, bautizado como Lagunillas de Agua por la jerga criolla.

Paraute era el poblado añú más grande del Maracaibo. Sus raíces originarias se remontan a tiempos inmemoriales, con una presencia documentada desde la llegada de los primeros invasores europeos a finales del siglo XV.

Las Noticias Historiales de Venezuela de fray Pedro Simón, los textos de Oviedo y Baños, las relaciones del obispo Mariano Martí, y las densas investigaciones del Hermano Nectario María, dan cuenta de la presencia ancestral de Paraute en el mismo lugar bordeado por dos ríos, el homónimo al sur y el Tamare al norte.

Paraute en añun nuku (idioma añú) traduce “ser de aguas”, “estar en el agua”, “lugar en las aguas”. La raíz “paraa” es una impronta tupi guaraní en los idiomas arahuacos, que hace referencia a aglomeraciones de agua, pudiendo significar mar, lago, gran delta, laguna.

La ubicación geográfica de Paraute es de suma importancia para la demarcación del territorio añú, ya que marca el hito oriental en la posesión originaria de la nación de Nigale. El trazado en paralelo al Ecuador da la base de un trapecio que se eleva hacia el caño Oribor y la isla Zapara, abre su anchura al río Limón, Sinamaica, abrazando Maracaibo hasta Barranquita. Este es el hábitat añú que aún no se ha definido oficialmente, constituyendo una deuda constitucional del Estado con los legítimos dueños del estuario maracaibero.

Los hermanos añú de Paraute fueron protagonistas de la defensa del Lago frente a la pretensión colonial castellana. El nombre del cacique Tomaenguola es un símbolo de esa épica borrada, que continuaron Camiseto y Mataguelo sumados a la gesta nigaleana de 1607.

Por estas razones, los quemados de 1939, son los descendientes de aquéllos héroes y mártires añú que resistieron un siglo entero sin permitir la conquista europea de Maracaibo.

III

El siglo XX latinoamericano se inauguró con la moda de las masacres. En el Magdalena bananero de 1928 las carabinas y máuser defienden a la United Fruit Company contra unos obreros pedigüeños. En Iquique en 1907 los antecesores de Pinochet hacen lo propio con la clase trabajadora del salitre. En la Venezuela petrolera se ahorraron los plomos.

Dos grandes traidores a la patria fueron Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. Corruptos y racistas como eran, no perdieron tiempo en entregar la soberanía nacional a manos imperialistas. Antes metieron a sus familias en el negocio de las concesiones. Ellos son cómplices necesarios en el etnocidio de Paraute.

Los hechos: la Gulf Oil Corporation provoca un derrame de petróleo que inunda el sector, embadurnando de combustible los maderos sobre los que descansan las milenarias casas ecológicas del añú. El aire se perfuma de éteres inflamables. No se toman medidas preventivas. La comunidad se haya inerte ante los peligros. La única opción que les dan es el desalojo.

Un cerillo, una chispa, un chicote de cigarrillo, cualquier fuente de combustión hubiese provocado el estallido. Paraute era ya una bomba incendiaria.

Ninguna de las publicaciones especializadas en siniestros consultadas por este autor, apuntan a la veracidad de que un fuego espontáneo acabe en un par de horas con la masa de madera que representaban las ochocientas o mil casas quemadas. Mucho menos estando en agua.

Un dato curioso de la revisión hemerográfica, es que la fábrica de la lámpara señalada como causante del incendio, hizo su propia investigación, publicada en avisos publicitarios en los medios impresos de la época, donde concluyeron que la versión sobre la culpabilidad de la señora Alicia Mendoza era falsa, y que no hubo ninguna de sus lámparas involucradas en el suceso.

IV

Un testimonio clave para descifrar los enigmas del genocidio de Paraute, lo dejó un honorable venezolano, el luchador social Jesús Faría. “En noviembre de 1939 me encontraba en Lagunillas. Trabajaba para el PCV y para el sindicato, sin ninguna remuneración. El día 14 de noviembre (debería decir el 13) de 1939 estalló un oleoducto sublacustre, precisamente frente a Lagunillas. La capa de petróleo “vivo” empezó a cubrir las orillas del lago, donde estaban levantadas sobre maporas las casas de aquella pequeña “Venecia” tropical y aborigen”.

Dejemos que este ejemplar comunista nos relate la verdad de los hechos. “Como los peligros aumentaban, empezamos a reclamar ante las autoridades y ante la Gulf, empresa responsable del “reventón”. Sin embargo, nada se hizo para evitar el incendio que se veía como algo inevitable, si no cerraban la válvula del oleoducto roto. A eso de las ocho de la noche estalló un violento incendio y cubrió miles de metros cuadrados de superficie sobre las aguas y debajo de las casas de madera levantadas sobre estacas. Este fuego, animado por una fuerte brisa que soplaba en aquel momento, atrapó a miles de hombres, mujeres, niños y ancianos. Algunas personas salvaron sus vidas partiendo lago adentro en cayucos. Otros cruzaron el fuego por la planchada, pero ésta quedó cortada a los pocos minutos”.

Continúa su conmovedor testimonio el camarada Faría: “Como el pueblo estaba atrapado entre los muelles de la Gulf y la VOC, los marinos de turno allí anclados acercaron sus lanchas y salvaron mucha gente, pero los que vivían en el centro casi todos murieron quemados o ahogados. Cuando estalló el incendio, yo daba mis clases de primeras letras a pocos metros de la orilla. Tres de mis alumnos corrieron a salvar sus pertenencias, pero los tres desaparecieron. Eran obreros jóvenes, poderosos, buenos nadadores y, sin embargo, perecieron. ¿Qué se podría esperar para las infelices madres cargadas de niños pequeños?”

Esta es la verdad que el delincuente de López Contreras, en su servil papel de esbirro pro gringo, ocultó echando un muro sobre el lecho lacustre donde yacían los incontables cadáveres, y otro sobre la prensa que desmintió sus propias primicias, ninguneando la tragedia, al punto que en pocos días ya parecía que nada hubiese pasado.

Ni qué decir de escuelas, academias e historias, nada que recuerdan una línea del peor crimen contra la humanidad cometido por las transnacionales del petróleo en este país.

Nunca se supo la cantidad de muertos. Ni cuántas casas exactamente consumieron las llamas. No se tienen noticias de los sobrevivientes. No se erigió ni una lápida donde recordarlos y honrarlos. No se publicó un misal para pedir por sus almas. Ni se dotó nunca a Lagunillas de una unidad de quemados.

Pero si se adelantaron a decretar en 1937 que allí se construiría una nueva ciudad con el nombre de Alonso de Ojeda, el primer invasor extranjero que llegó al Lago Añú.

V

Los colectivos que trabajamos por el rescate del ser añú, exigimos al Gobierno Nacional asumir las responsabilidades con un hecho de tanta gravedad, que por constituir un genocidio, tiene carácter imprescriptible. En tal sentido proponemos:

1) Se debe iniciar una investigación oficial sobre el “Incendio de Lagunillas de Agua” (Paraute) que determine con exactitud científica lo que allí realmente ocurrió.

2) Se debe proceder de inmediato a demarcar el hábitat añú, validando su existencia en la documentación oficial, en los textos de enseñanza de historia y geografía, y en las diversas actividades públicas y privadas sujetas a respetar lo pautado constitucional y legalmente al respecto.

3) Por decreto se debe reivindicar el nombre de Paraute y eliminar la vergonzosa nomenclatura de “Ciudad Ojeda”.

4) Erigir un monumento a las víctimas de Paraute, que sea referencia cultural de ancestralidad y ecologismo, en defensa de los pueblos originarios y el estuario de Maracaibo.

5) Indemnizar colectivamente al pueblo añú por ser la víctima principal del genocidio de Paraute y de la contaminación petrolera.

6) Decretar el 13 de noviembre como Día Nacional de la Memoria Histórica, que incluya la realización de actividades especiales en todos los niveles del sistema educativo.

A 76 años del Genocidio de Paraute, el pueblo añú lucha por su existencia.

Payawaroï wein

Aka iima ti mou

Wayamai jundó

Ayawa yougheyeen

Ayaawa oú-dagá

Kaa watarawey

Ub-bah Kunungar

Anii añún te aye.

Guerrero Añú

Sólo la verdad histórica forma pueblos libres.

Por: Yldefonso Finol

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