VENEZUELA: El Niño ‘borra’ la Sierra de Perijá

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Cada noche su hija de ocho años le reza a ‘Kumoko’ para que mande agua desde el cielo. Ella pide por su pueblo yukpa, y por toda la Sierra de Perijá, para ver si Dios le abre la ‘tubería’ y pueda regar su jardín. Desde enero, en la casa de Juan Pete, nacido hace 39 años en El Tukuko, no hay agua, pese a vivir rodeado de manantiales y ríos, esos que en sus años de infancia tenían la sierra ‘verdecita’.

Basta comenzar el recorrido de 128 kilómetros entre Maracaibo y Machiques para notar la huella de la sequía. Los túneles de árboles que solían abrazar la carretera que conecta a la capital de Zulia con Perijá se asemejan a un cuadro de naturaleza muerta. Los ríos son ahora trillas arenosas en donde se puede caminar, solo sobreviven los más caudalosos. En estos quedan al descubierto las piedras que antes cubría el agua.

Un ejemplo es el río Yaza, en la vía que conduce a El Tukuko, en Machiques. El lugar recibe cientos de visitantes en épocas de asueto. “En el río Yaza se ha ido acabando producto de El Niño, el verano que hay es fuerte. Las correntías de agua desde la parte alta de la Sierra hacia abajo prácticamente se han ido acabando, a esto se suman los daños causados por los incendios forestales”, advirtió el comandante de Bomberos de Machiques, Edgar Silva.

Datos del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio ( Nasa por sus siglas en inglés) indican que febrero 2016 rompió récord de la temperatura global por un margen “impresionante”, y se convierte en el más caluroso desde que se registran datos climáticos, citó el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh).

Las temperaturas registradas en los dos primeros meses del 2016 —agrega el informe— “se unen a la tendencia registrada en 2015, que se convirtió en el año más caluroso de la historia”.

Eva Yenisan Abardu, voluntaria de Inparques de la etnia Barí, recuerda que desde hace dos años el río Tukuko ha venido mermando. “El agua llegaba hasta allá, toda esa orilla mantenía el río lleno”, expresa al señalar con su mano extendida un punto ubicado a unos cinco metros desde la superficie.

De tales proporciones han sido los embates de “El Niño” que el Gobierno nacional emitió un decreto especial de emergencia. La merma en los ríos compromete no solo el suministro de agua, también el eléctrico, dado que Venezuela depende en un 70% de la generación hidroeléctrica desde Guri.

“En el 2009 hubo una sequía bastante fuerte, pero como esta pocas”, opinó el alcalde de Machiques, Alfonso “Toto” Márquez, al subrayar que la sequía ha tocado a los ríos Yaza, Apón, Negro, Tukuko, Santa Rosa, Santa Rosita y Macoíta. “El río Apón, incluso, ya no alcanza para surtir de agua a Machiques”.

“El Niño”, marcado por un calentamiento inusual de las aguas superficiales del Pacífico Ecuatorial, toca a Venezuela y buena parte de América, con déficit de lluvias e incremento de la temperatura, precisó el Inameh.

Más de 135 ríos permanentes y quebradas temporales drenan a la cuenca del Lago de Maracaibo. Entre los más importantes en la cordillera de Perijá, de norte a sur, se ubican el Guasare o Limón con un área de 1.936 kilómetros cuadrados y el Socuy con 6.253. La mayoría sufre descensos luego de tres años de lluvias por debajo del promedio.

A Juan Pete le mortifican los dramáticos cambios que ha vivido su montaña. “Tengo cuatro nietos y dos hijas pequeñas aún. Me pregunto qué le vamos a dejar. Hablo con mis hijos mayores y mis yernos, les he dicho que no podemos ‘socolar’ —práctica previa a la siembra que consiste en delimitar un espacio para sembrar, cortar maleza y quemarla— porque hay mucha sequía y se producen incendios”.

EsteYukpa, educado por misioneros capuchinos, reconoce que los propios habitantes de la Sierra han contribuido a dañarla. “Muchos talan los árboles, sobretodo roble y cedro. En los ríos Yaza, Sirapta y Tokuko siguen talando, muchos lo hacen por falta de trabajo”.

Sobre los incendios forestales que han borrado parte de la serranía, considera que la falta de orientación ha plagado de fuego las montañas. “No quise preparar la tierra porque está muy seca, voy a esperar la lluvia. Deberíamos entender que no es buen tiempo para ‘socolar’ con esta sequía”.

Cuando yo era un muchacho—recuerda Juan— se veían más pájaros, el aire era puro, la temperatura fresca, en las noches, incluso, hacía frío. En mi infancia no se quemaba como ahora, porque había líderes, caciques como mi papá y otros, orientaban a caciques más jóvenes sobre el cuidado de la Tierra. Había confianza, se respetaba la figura de los caciques, a los turistas que venían. La Sierra no se quemaba así”.

A Juan le da tristeza escuchar a su hija de ocho años implorando cada noche a ‘Kumoko’ que les envíe agua. “Kumoko te va a escuchar” le repite. Y es justo un milagro lo que necesita la Sierra de Perijá para no seguirse desdibujando.

Colocada desde: http://www.panorama.com.ve/

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