MÉXICO: El maíz entre los pueblos indígenas

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“El Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, narra las diferentes tentativas para la creación del hombre por los progenitores…hasta que se utilizó el maíz”.

Para los Pueblos Indígenas de México, el maíz representa un alimento imprescindible por la estrecha relación que guarda con su cultura e identidad, ya que involucra aspectos que van desde la historia, la organización social, al sistema ceremonial y la cosmovisión. La importancia de este grano pronto fue advertida por los cronistas españoles de la época colonial, quienes nos heredaron abundantes testimonios sobre la relación con ceremonias y ofrendas que los pueblos originarios realizaban en torno al maíz, entre otros usos. Pero también la literatura indígena ofrece testimonios de la presencia de esa semilla en su cosmovisión. Así por ejemplo, el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, narra las diferentes tentativas para la creación del hombre por los progenitores, que en sus primeros intentos, lo elaboraron con barro y madera pero carecía de movilidad o de la capacidad de hablar; hasta que se utilizó el maíz y crean al hombre con todas sus capacidades. Por lo que muchos pueblos se representan como “gente del maíz” u “hombres de maíz”.

Se considera que el maíz fue domesticado en Mesoamérica, siendo uno de los aportes de los Pueblos Indígenas de esta región a la gastronomía mundial. En México, actualmente, se cultiva en diferentes ecosistemas que van desde las tierras tropicales, hasta las zonas serranas, pasando por los territorios desérticos. La producción de maíz incorpora la acumulación de un conocimiento vasto sobre las condiciones naturales de los suelos, de los fenómenos meteorológicos, de sus propiedades alimenticias y en algunos casos, medicinales, por ejemplo el cabello de maíz preparado en infusión que tiene funciones diuréticas.

El maíz representa, además, el cultivo más importante de los indígenas de México porque constituye un elemento relevante en la economía familiar. En primer lugar porque, en muchos casos, una parte significativa de la producción es destinada al consumo del grupo doméstico, mientras que otra fracción puede ser utilizada para intercambiar o vender a fin de obtener bienes que complementan las necesidades de la subsistencia familiar. Entre sus beneficios también se encuentra que, generalmente, su siembra se integra en el sistema conocido como milpa que incluye otros cultivos, como calabaza, frijol, chile, tubérculos y plantas medicinales, entre otros.

Es importante destacar la relación que la siembra del maíz guarda con la cultura. En primer lugar por su relación con la organización social, expresada en la división del trabajo entre hombres y mujeres, en el cultivo o en las estrategias de intercambio de trabajo colectivo destinado a la preparación de los terrenos, la siembra y la cosecha, que genera cohesión social y en segundo lugar por la diversidad de ceremonias vinculadas a la producción y consumo, desde la bendición de la semilla, la solicitud de permiso a la tierra para la siembra, la petición de la lluvia para su crecimiento, hasta el agradecimiento por los frutos cosechados.

Cada pueblo ha desarrollado una rica cosmovisión que da explicación a las diversas costumbres relacionadas con el maíz. Por ejemplo, para los huicholes, de Jalisco y Nayarit, existen diferentes elementos que ilustran una simbiosis con el maíz expresada en los nombres personales asignados a cada individuo según la fase de crecimiento de la planta: Así Etsiema, la mujer cuando el maíz está sembrado o Hariema, el hombre cuando la milpa va a espigar. Entre los amuzgos de la costa de Guerrero y Oaxaca, el maíz es uno de los presentes que el novio entrega a la novia en la ceremonia del casamiento, como parte de las alianzas que establecen los dos grupos que van a emparentar.

En estas fechas en las que se da la cosecha del maíz, consideramos que es un  momento propicio para reconocer el trabajo de campesinos e indígenas, recordando la importancia de las acciones institucionales para su beneficio, en el caso de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, a través del Programa para el Mejoramiento de la Producción y Productividad Indígena. Así como para reconocerlos retos que significa mantener los sistemas tradicionales de producción ante las transformaciones económicas, ambientales, sociales y culturales que vive el país, por lo que debemos valorar la importancia que representan para la economía e identidad de los productores indígenas.

Nuvia Mayorga

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