Indígenas latinoamericanos priorizan protección del ambiente

Líderes juveniles cuestionan el modelo de desarrollo de Occidente que se basa en el extractivismo y alertan sobre el peligro que enfrenta la riqueza de los pueblos indígenas.

Jóvenes indígenas latinoamericanos centran su interés en la protección de los recursos naturales de sus pueblos, preocupados por que puedan convertirse en un atractivo para Occidente, lo que les genera dudas de si les conviene integrarse en un mundo globalizado.

Es la preocupación que han manifestado en la clausura de un curso que, durante dos meses, han seguido en la Universidad Carlos III de Madrid sobre liderazgo, derechos humanos y cooperación internacional.

“Existen múltiples desigualdades entre indígenas y el resto de la sociedad, pese a ello hemos subsistido, pero ahora estamos empezando a ser foco de atención porque seguimos teniendo recursos naturales valiosos”, cuenta a Efe Carolina Santos, indígena mazahua mexicana.

La joven mexicana considera que no todos los miembros de su comunidad saben del interés que levanta la existencia de estos recursos pero tiene claro que alguien debe comprometerse para cuidar de ellos y las personas que conocen esta circunstancia tienen una “corresponsabilidad con los demás”.

En esa misma línea se expresa Ayilen Ancalef, mapuche “por el lado de Chile” (los mapuches habitan Chile y Argentina y defienden que su pueblo tiene un país propio dividido por esas fronteras nacionales), quien califica de “amenaza” la llegada de grandes empresas a sus territorios.

Esta joven alude a que el modelo de desarrollo de Occidente “se basa en el extractivismo de los pueblos originarios” y recuerda que las grandes multinacionales van a territorios libres que en realidad están ocupados por sus pueblos desde hace décadas.

“Nunca han estado libres, siempre hemos estado nosotros, pero para el Estado es más fácil hacer productivas estas tierras y pasárselo a inversores extranjeros”, critica.

Los pueblos indígenas reclaman otro modelo de desarrollo

Santos y Ancalef tienen apenas 29 años y consideran que ni ellas ni sus pueblos quieren adoptar el modelo de desarrollo extendido en Occidente.

“Nos han vendido la idea de desarrollo de tener todos los servicios que el otro tiene en el mundo occidental, porque eso es la calidad de vida”, introduce Santos.

Un modelo que, a su juicio, implica acabar con los recursos naturales: “significa que no tengamos espacio para sembrar, no tengamos agua limpia en los ríos, que toda el agua esté entubada y que la mancha urbana en las comunidades se vaya expandiendo más, ¿de verdad necesitamos eso?”, se pregunta.

Una idea que, además, choca con la propia idiosincrasia indígena que fomenta la relación con la naturaleza y con la comunidad.

“Tenemos mucha preocupación sobre dejar de ser indígena, tener dinero, estar viviendo en otro lugar, alejarse del campo”, cree Santos, quien considera que en las comunidades “se está fracturando esta relación ser humano-naturaleza”.

Aún así, quiere hacer de la necesidad virtud y cuenta que este es un momento “de resistencia” para “fortalecer” los valores indígenas.

Idea que comparte Ancalef, quien tiene claro que los indígenas regresan siempre a su territorio porque “no es una cuestión de pertenencia, ni de posesión” sino “una relación con todo lo que significa tener antepasados, una historia y un proyecto de vida”, que defienden a toda costa, pese a que algunos Estados los vean “como un problema”.

El curioso caso chileno

Esta mapuche reconoce que las relaciones de “tira y afloja” con Chile están “actualmente desgastadas” y reivindica que su pueblo, solo en ese país, representa el 9,9 por ciento de una población total de algo más de 17 millones, según el censo de 2017.

“Somos un grupo originario que igual tiene cierta importancia dentro del país”, ironiza tras recordar que su pueblo “nunca fue colonizado por los españoles” y que actualmente se encuentran en un periodo de “reconstitución nacional mapuche”.

Chile reconoce nueve pueblos indígenas, entre ellos uno de los más famosos de América Latina por sus reivindicaciones, el mapuche, pero también otros más desconocidos como el Diaguita que fue “asimilado” por otras civilizaciones, tal como explica Francisco Rojas.

“Muchos de nuestros rasgos culturales desaparecieron” tras la llegada de los españoles en 1520 con Fernando de Magallanes a la cabeza de la expedición, explica Rojas, quien asegura que solo pueden “tener idea” de cómo era su lengua o su vestimenta “a través de las crónicas” de aquella época.

“No hay hermanas o hermanos que se vistan como lo hacían nuestros ancestros a diferencia de otros pueblos originarios, perdimos la lengua también y solo tenemos alguna noción de cómo era por la toponimia, por los nombres de los lugares”, relata.

Este veterinario explica que esa pérdida se sufrió en parte por la actitud “hospitalaria” de su pueblo “cuando llegó el conquistador” y que no cambió su conducta hasta que “se dieron cuenta de sus intenciones”.

“Nosotros tuvimos una conducta distinta (que la de los Mapuche) hacia los extranjeros, en nuestro valle podíamos convivir con muchos pueblos, es la zona más angosta del país y era un sitio de paso permanente, cuando llega el español es otro más que llega y se le acoge”, explica.

Aún así, el pueblo Diaguita es, según el censo de 2017, el tercero en población de todo Chile, con 88.474 personas, por detrás de los Mapuche (1.745.147) y los Aymara (156.754).

Las reivindicaciones de unos, las luchas de otros

Para Francisco, el curso que ha hecho en la Universidad Carlos III le sirvió para darse cuenta de que los pueblos indígenas “son parte de algo” y “no están aparte de algo”.

“Una de las cosas más interesantes de poder compartir con hermanos de otras latitudes es darnos cuenta de que tenemos la misma lucha”, insiste.

Algo especialmente útil para un pueblo cuya cultura se ha perdido con el paso de los años: “ojalá puedan venir otros integrantes de mi pueblo porque tenemos muchas ganas de redescubrinos nosotros mismos a través del contacto con hermanos de otros territorios”.

Es la sensación que comparte el miskito nicaragüense César Pais, quien sostiene que en estos dos meses de convivencia y estudio “cada quien se ha permitido reivindicar los compromisos que tiene con su pueblo”, y darse cuenta de que “la reivindicación de derechos de los pueblos indígenas es generalizada” en América Latina.

Aún así, y aunque en el caso de Nicaragua, donde – afirma – la relación de los pueblos indígenas con el Estado es más “cercana” que con “los gobiernos neoliberales”, advierte de que queda mucho por hacer en esta materia.

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